lunes, 20 de agosto de 2007

UNA DE PERROS

Pasota, Perezoso y Mordiscos son tres sabios perros. Ellos no saben que los llamamos así pero da igual. Son tres perros de tres generaciones distintas. Con toda probabilidad abuelo, padre e hija, porque Mordiscos es una hembra.
Viven en el hostel "Los Lagartos", en San Ignacio, un pequeño pueblo del alto Paráná argentino al lado de lo que queda de una reducción jesuítica, San Igancio Miní.
Cuando, arrastrando las maletas, entramos en el jardín de Los Lagartos, Mordiscos salió a nuestro encuentro haciendo lo propio de su evidente poca edad: saltar y mordisdquear agitando de forma frenética su larga cola negra. De ahí el nombre que le pusieron los niños.
Perezoso, algo mayor, tan solo alzó la cabeza para ver el motivo de esa algarabía. Siguió tumbado a la fresca sombra de los bananos haciendo gala del nombre recién adjudicado.
Pasota tardó bastante en salir a escena. Seguramente solo éramos unos turistas más averiguando el precio de la pernocta.

El primer contacto con Pasota fue a la vuelta de la visita a la reducción San Ignacio Miní. Se paseó entre nosotros con su cabeza gorda y ojos serios, a la que se le notaban las secuelas de antiguas peleas callejeras. Fruto de una de ellas era la oreja izquierda permanentemente caída. Después de olernos y mirarnos, decidió que éramos buena gente y se sentó cerca.
Al poco, empezamos a preparar la parrillada. Chorizos criollos, morcillas y chuletones de novillo empezaron a desgrasarse en las ascuas de carbón.


A Mordiscos hubo que echarle varias veces, no paraba de olfatear y corretear cerca de la parrilla. Perezoso deambulaba cerca y Pasota miraba desde la lejanía, inmune a los olores que inundaban el chamizo. De fondo los gritos casi ininteligibles e histéricos de los asistentes a una celebración de alguna de las sectas cristianas habituales en la zona: mmmmmm....Aleluya¡¡¡
Ya todos a la mesa degustando las carnes y una botela de Valmont, uno de los mejores vinos hasta ahora, éramos acompañados por los simpáticos canes. A Mordiscos había que espantarlo cada dos por tres, Perezoso se acostó en uno de los extremos de la mesa y Pasota eligió el extremo opuesto para sentarse. Allí permaneció durante toda la cena hierático y con esos ojos de mirada sabia y profunda que piden comida sin mover un músculo de la cara. Sin molestar.
Los tres comieron y Pasota se retiró cuando fue consciente que la cena había finalizado. No así Mordiscos que seguía olfateando todo lo podía.
La mañana apareció lluviosa y fresca. Nada más salir del cuarto de dormir, los tres perros vinieron a saludar fieles a sus nuevos nombres.
Tras el desayuno, preparamos las maletas para tomar un ómnibus hacia Posadas.
Arrastrando las maletas salimos de "Los Lagartos" y los tres perros nos siguieron. Al momento de poner una pata en la calle comenzó un recital de amenazantes ladridos. Cada casa tiene uno o más perros que hacen lo propio, defender su territorio.
Al primer ladrido, Mordiscos se metió en su hostel. No volvimos a verla.
Pasota y Perezoso nos acompañaban mirando desafiantes al resto de los perros enjaulados en sus casas. Corretearon a nuestro alrededor hasta que, al llegar a una cuadra que era un solar, se alejaron tomando en diagonal por el solar. En mitad del mismo se pararon a mirarnos en lo que interpretamos como una despedida.
LLegamos a la parada del ómnibus y allí estaban esperando. Simplemente sabían a dónde íbamos y se limitaron a coger por camino más corto. Desde el ómnibus los vimos sentados y mirándonos fijamente.

sábado, 18 de agosto de 2007

CAMINO A IRUYA

Iruya es un pequeño pueblo de no más de 600 habitantes. Tiene más pobladores que años de existencia ya que fue un asentamiento de los indios omahuacas y, 80 años antes de la llegada de los espñoles, fue colonizado por los incas. . Para llegar a él hay que atravesar la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad. Esta Quebrada es un amplio valle de origen tectónico -producido por el reajuste de los terrenos tras el levantamiento de los Andes- posteriormente erosionado por el río Humahuaca por los fuertes e intensos vientos que azotan la zona y por los cambios de temperatura entre el día y la noche -en estos días ha pasado de 25 grados al mediodía a -10 grados por la noche-. Un encanto, vamos.

A lo largo del tránsito por la Quebrada es fácil coger tortícolis. Los paisajes son espectaculares por su tamaño y por su colorido. Los lugareños han bautizado a un cerro como "La paleta del pintor" y hay también un cerro "de los siete colores". La vegetación es escasa pero sorprende poderosamente la omnipresencia de los "cardones". Se trata de un cactus cilíndrico con una altura de hasta 8 metros que se ramifica estilo candelabro. Una auténtica pasada. Además su madera es preciosa y se ha utilizado por los primeros pobladores de estos valles para la construcción de sus techumbres. Luegos los españolitos los usaron para construir iglesias (¡cómo no!).
En la quebrada hay varios pueblos que son alucinantes: Humahuaca, Tilcara, Maimará, Purmacarca e Iruya. Todos tienen algo de especial pero Iruya se lleva la palma por lo alejado y por la belleza del camino. Hay que subir por encima de los 4000 metros para trasponer a otro valle y comenzar un largo y sinuoso descenso siguiendo el curso de un río que ha producido unas gargantas espectaculares. Después de invertir más de 2 horas en recorrer 40 kilómetros, aparece Iruya.

La sensación que se tiene es la de no ser nadie ante la inmensidad de las montañas que nos rodean. Nos han hablado que más allá de Iruya está San Isidro, al que solo se puede acceder andando. La expedición no ha podido ir en esta ocasión, pero el más mono va a quedarse aquí dos semanas más y ha prometido llevar a su prometida.
El haber sido declarada esta quebrada Patrimonio de la Humanidad está ejerciendo de atractor turístico, con todo lo malo que ello conlleva. Entrar en Humahuaca es entrar en cualquier mercadillo. La población local te asalta ofreciendo al visitante todo tipo de producciones artesanales y por doquier hay tenderetes de las más diversas mercancías.
Los miembros docentes de la expedición han tomado buena nota de que hasta en Iruya, antes de empezar la jornada escolar, se iza la bandera, se entona el himno a la misma y se reza (tiene cojones).






viernes, 17 de agosto de 2007

Las reducciones jesuíticas

"Misiones" se llama la región al norte de Argentina, un brazo de tierra selvática entre Paraguay y Brasil. Tierra de Guaranies.

Total, que llegaron los Jesuitas a evangelizar a los indios de la selva, y como allí no llegaban las milicias conquistadoras españolas, ellos eran los únicos blancos del lugar. Como eran cultos aprendieron el guaraní. Y tuvieron la suerte de que los indígenas tenían creencias paralelas (cosa de los mitos): un solo dios con 4 personas distintas (una más), con sus cielos, sus infiernos... así que, el mensaje evangelizador se entendía al menos conceptualmente.

A esto que aparecen los mamelucos y bandeirantes portugueses que atacaban a las pequeñas comunidades guaraníes (no más de 300 personas por tribu) para el comercio de esclavos. Los jesuitas convencen a los guaraníes que se refugien en una de las 30 misiones que fundan en la selva que ocupa hoy parte de Brasil, Argentina y Paraguay. Allí durante más de 200 años se refuiaron los caciques guaraníes con sus gentes; organizandose en comunidades de 3000 a 6000 personas con su sistema defensivo para repeler a los esclavistas.

Los curas jesuitas (2 ó 3 por misión y únicos blancos) además de "convertir" a los indígenas acaban con la poligamia -una práctica circunstancial existente ante epidemias y "reducciones" demográficas. Los organizaron en un sistema de cabildos (a lo islas canarias) y "juntos" construyeron comunidades de arquitectura barroca impresionantes, aprovechando las habilidades plásticas y artísticas de los guaraníes. Si en Europa se tardaba más de 60 u 80 años en construir una catedral; aquí, en mitad de la selva, una basílica del tamaño de la Catedral Vieja de Cádiz se construía en 6 años. Miles de guaraníes, al estilo egipcio (ver Asterix y Cleopatra) trabajaban en las canteras, tallaban, esculpían y construían iglesias, casas, talleres, escuelas, y Coti Guazús (casas para viudas y huerfanos). También trabajaban las "tierras del hombre" (para el sustento familiar) y las "tierras de dios" (para sustento de jesuitas y refugiados en el Coti Guazú).

Durante 200 años los jesuítas, lejos de las influencias de los virreinatos españoles, intentaron construir su propia república platónita, con un puntito a lo "rousseau", con ramalazos de "comunismo" primitivo. Aún así también existieron los "irreductibles guaraníes" que no querían saber nada de jesuitas ni misiones (para hacerse una idea leer cualquier Asterix y Obelix). Los Jesuitas aguantaron hasta que sus malas relaciones con Roma y los borbones (tenían que ser!!), hizo que Carlos III los expulsase de las colonías, siendo sustituidos por los Franciscanos, que de guaraní "ni papa", y que no permiten costumbres por las que los jesuitas pasaban la mano. Los guaraníes se "enguannajan" (de ahí el término) y las misiones son destruidas por los paraguayos en su guerra con argentina.


NO OLVIDEIS PINCHAR SOBRE LAS FOTOS PARA AMPLIAR