jueves, 30 de agosto de 2007

EL HOTEL DE LOS HORRORES

En Córdoba hubo un hotel que tuvo que ser una pasada en su época, hasta tiene un tango dedicado. Hoy está dividido en dos el Victoria y el Claridge. No sabemos cómo es el estado actual del Victoria pero, por desgracia, conocemos el del Claridge gracias a la sagacidad y clarividencia del Amedio y el Fuertote.
Pasillos lúgubres y sucios. Paredes más que con desconchones con islas de pintura. Un patio de luces tenebroso. Suelos de madera que crujen y se hunden. Cisternas a medio montar y mobiliario sanitario de terror. Pero lo mejor de todo es el ascensor. Tras una puerta de lamas metálicas verticales y oxidadas que se corre y pliega, aparece una reja que da paso a un ascensor de reducidas dimensiones y mal iluminado. Ruidoso y que tiembla como un flan.
Hemos de reconocer que los miembros de la expedición tuvimos un ataque de acongojamiento y no lo usamos nada más que la primera vez.
Un consejo, si alguna vez recala en este hotel, no mire debajo de la cama antes de dormirse.

EL HOTEL BAUEN


El Bauen es un hotel de veintitantas plantas en el centro de Buenos Aires. El empresario que lo promovió era amigo de Menem y lo construyó solicitando créditos bancarios que no devolvió. Cuando la última crisis económica, el corralito, lo cerró previo vaciado del mobiliario más caro, que pasó a otro hotel de su propiedad colindante con el Bauen.

Un grupo de trabajadores y trabajadoras del hotel decidió tomarlo, en plan okupa, para ponerlo en funcionamiento. Primero fue un planta, luego los salones para recepciones, luego, con lo anterior consolidado, abrieron otra planta. Todo ello con el apoyo y la solidaridad de gentes de la cultura y de colectivos sociales.
Así, poco a poco, el Bauen se ha ido convirtiendo en un referente cultural de la ciudad y hoy mantiene en servicio 21 de sus 22 plantas. La gestión es de los antiguos trabajadores establecidos en cooperativa.

Ahora, cuando Argentina empieza a salir de la crisis, la justicia ciega (je,je,je) y el gobierno local del derechista Macri, deciden que el Bauen debe volver a sus antiguos propietarios. Todo un huracán de indignación y de solidaridad recorre Argentina. Conciertos, marchas, caceroladas y manifestaciones se suceden.
La expedición se sumó a una de estas manifestaciones para que este emblema de las fábricas recuperadas por los trabajadores siga desafiando al capitalismo chanchullero más rancio. Solo resta una pregunta ¿hubiera sido esto posible en Delphi?

miércoles, 29 de agosto de 2007

¡¡¡ESTÁN LOCOS ESTOS ROMANOS!!!



Aprovechamos esta frase, del inefable Obelix, para dar pie a la reseña sobre las visitas que la expedición giró a lo que queda de los poblamientos aborígenes. La primera fue en Tilcara, en plena Quebrada de Humahuaca, allí visitamos el Pulcará, que en quechúa significa sitio elevado. Está parcialmente reconstruido, aprovechando donaciones de la Agencia Española de Cooperación cuando lo del 92 (¡me cago en el quinto centenario!, que dirían hoy los diaguitas).
Las casas comunitarias estaban hechas de piedras con techos de paja y barro apoyados sobre vigas de cardón, el omnipresente cactus de estos lugares que tiene una madera espectacular. Al lado de algunas casas se encontraban las tumbas de los familiares difuntos y graneros comunes. Allí vivieron los diaguitas, una de las muchas tribus junto a los tastiles, los omahuacas, los wichis, los quilmes y demás gentes que poblaron las quebradas antes de la llegada de los españoles. Todas estas comunidades indígenas fueron colonizadas y culturizadas por los incas unos 85 años antes de la llegada de Colón. Por eso cuando llegaron los primeros españoles a estos valles, allá por el año 1560, tenían una buena agricultura con regadíos y carreteras, así como conocimiento de la metalurgia. La actual y mítica ruta 40 transcurre, en parte, por antiguos caminos incas, como la "Recta Tintín" que significa lugar de encuentro y que tiene una longitud de más de 14 kilómetros y una desviación menor que un grado.
De este enclave, la expedición recaló en Santa Rosa de Tastil, aldea entre San Antonio de los Cobres y Salta, antes de iniciar el descenso a Salta por la Quebrada del Toro. En Santa Rosa hay una antigua ciudad de los tastiles que no está excavada. Nadie nos impidió el acceso porque no había nadie en las cercanías, tan solo un cartel herrumbroso que decía "sitio arqueológico".
El lugar seguía el mismo esquema que el Pulcará de Tilcara, solo que allí no había llegado el dinero europeo: restos de construcciones que se elevaban por un cerro que dominaba un valle fértil y extenso. En este lugar, un miembro de la expedición tropezó con un trozo de cerámica y le llamó la atención. Al ir a cogerla descubrió que estaba parcialmente enterrada. Al ir quitando parte de la arena y tierra que la cubría, lo que era un fragmento cerámico pasó a ser una vasija funeraria con el esqueleto de un niño en su interior. Ya estimulados por el hallazgo, vimos que el suelo estaba repleto de puntas de flechas de obsidiana y pedernal, de raederas, de huesos afilados y topamos con un hacha de piedra de basalto en perfecto estado de conservación.
Ni que decir tiene que volvimos a enterrar la vasija y a dejar en su cercanía las piezas encontradas.
Ya de vuelta íbamos reflexionando sobre el lamentable estado del patrimonio cuando vimos lo que se anunciaba como museo de los Tastiles. Paramos y la puerta estaba entornada sin que nadie nos atendiera. Entramos y casi en penumbra vimos una serie de objetos más que expuestos abandonados, mientras unas niñas correteaban entrando al "museo?" desde una habitación aledaña que parecía ser su vivienda. Una caja de madera fina con una hendidura en el frontal, reclamaba una dádiva para poder mantener el museo. Tras depositar una cantidad, la expedición abandonó el lugar con el convencimiento de que el dinero dejado iba a servir para la comida.
Tras abandonar la Quebrada de Humahuaca, la expedición se dirigió hacia el Sur, tomando la ruta de los valles calchaquíes. Es una zona rica en viñedos y en bodegas, por lo que nos tomamos muy en serio su exploración. Así tropezamos con las ruínas de Quilmes. Están parcialmente reconstruídas aunque queda una amplísima zona que no ha sido ni excavada.
Al contrario que en la anterior, alguien está a la entrada del recinto para cobrar y un guía nos da unas nociones sobre el lugar y sus antiguos moradores: los indios Quilmes.
Estas buenas gentes decidieron no hacer ni puto caso de lo que les decían los españoles y sus curas. Prefirieron seguir manteniendo su poligamia, sus dioses y andar en cueros antes que usar ropajes, que dificultan el andar y favorecen a la sarna y otras afecciones cutáneas, y aceptar las cruces el pecado y la culpa.

No contentos con esto, los Quilmes consiguieron aglutinar a las tribus vecinas y mantuvieron en jaque a las tropas españolas durante más de 130 años. Después de muchas batallas perdidas, los españoles cortaron y envenenaron los ríos que surtían de agua a estas tribus que, al divisar españoles en la lejanía, se subían a los cerros donde tenía reservas de comida y se hacían invisibles. Algún milico listillo, después de envenenar los ríos decició sitiar los cerros y así cayeron los Quilmes. No contento con esto, como venganza y humillación, se les obligó a ir andando hasta la ciudad de Buenos Aires, que dista más de 1.500 kilómetros.
Cuentan las crónicas que partieron unos 5.000 y llegaron 400. Probablemente este castigo sirvió de modelo conceptual para que siglo y medio después los argentinos comenzaran el exterminio de las tribus del Sur: onas, patagones, mapuches, etc.

PARA TRANSFORMAR LA REALIDAD ES NECESARIO ACERCARSE A ELLA







Esta Señora que aparece en nuestra compañía es Veda. LLeva 52 años viviendo en una casa, por llamarle de algún modo, a la orilla del río Cuarto(obviamente en Río Cuarto). No se estrujaron la mollera los geógrafos que nombraron los cinco ríos que nacen en la Sierra de Córdoba- la argentina-, del primero al quinto.
Es pobre pero digna. Pero sobretodo es una mujer con dos ideas fuerza: el estudio es necesario para salir de la miseria y la dignidad de una vivienda no deriva de su lujo sino del hecho de haber sido construída por personas.
Ya hemos dicho que Veda es pobre pero es también lista y ha organizado a los suyos, a los pobres. Ha organizado un centro comunitario. En precarias condiciones ha montado un comedor para alimentar a los niño y niñas de su villa-miseria. También ha organizado un taller de costura con cuatro vetustas máquinas de pedal, recientemente sustituídas. Y un comedor con dos hornos de barro en el que cuecen tortas y otras facturas que luego venden en el pueblo.
El Intendente de Río Cuarto mirando por los intereses y el bienestar de estas pobres gentes, ha decidido arrasar con esta villa-miseria en la orilla del río (el cuarto) y colocar en su lugar una costanera, nombre que aquí se da a los paseos marítimos o fluviales. A cambio promete realojar a los desalojados en dignas viviendas con estancias de 2.5 por 1.8 metros. A razón de una estancia por persona. Pero ¿dónde meten a los caballos, mulas y carruajes con los que se ganan la vida? Porque esta gente viven de traperos y chamarileros. Y esto sucede en un país con ingentes cantidades de suelo.
La cuestión es que las excavadoras han llegado hasta la casa de Veda. Allí se han detenido por el momento, pero amenazan con seguir. Si se han detenido ha sido porque Veda ha dicho que solo sale de allí con los pies por delante.
Muchos colectivos sociales han mostrado su solidaridad con Veda y con el centro comunitario Quena. La expedición "enelconotita" también. Y acompañados por Manolo, el Baladre, y por tres cooperantes de Xátiva fuimos a verla. Nos recibió y, tomando mate tras mate, nos encandiló con su sabiduría. ¡Ojalá hubiera más Vedas!!

martes, 28 de agosto de 2007

maquetas de portada para nachional geografi



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UCA CRECE


Tras la flamante victoria en las urnas, el equipo rectoral de la UCA decidió copatrocinar, junto a Macdonal y Nachional Geografi, a la expedición "enelconotita" a fin de buscar nuevos horizontes sobre los que expandirse. Afamados miembros de esta expedición, agradecidos a su patrón, han poblado de carteles el entorno urbano bonaerense, como puede apreciarse en la fotografía. El intendente de la ciudad anda bastante preocupado por la súbita aparición de esta cartelería.
En la otra imagen podemos ver al "más mono" instantes antes de okupar la portería de la Facultad de Ingeniería (la cabra tira al monte).

domingo, 26 de agosto de 2007

GENTES

Aunque hay imágenes que hablan por sí y que ofrecen mucha información a quien quiere encontrarla, el equipo editorial de la expedición ha decidido añadir algunas letras a modo de pie de foto como complemento que contextualice las imágenes. Así, encima de este párrafo hay una escena cotidiana de un día cualquiera en las afueras de Iruya. Le acompaña el cartel anunciador que grita más que habla. Pero los gritos serán más fuertes si sabemos que este comedor está ubicado en Puerto Madero, una de las zonas más pijas de Buenos Aires, rodeado de restaurantes de lujo, y que además está clausurado por la municipalidad por no tener licencia para repartir alimentos.

Tres imágenes al azar de un día en que la expedición pasó por la provincia de Misiones. El gachupín ataviado a lo inca moderno, es lo que acompaña al turista si entra a comer en un comedor de Humahuaca. Este recitaba una poesía comprometida en lo social y un punto lacrimógena: "yo nunca fui niño". En fin de lo que hablábamos, en otro lugar del blog, sobre las desventajas de lo del Patrimonio de la Humanidad.


Gentes que se desplazan por la Quebrada de Humahuaca para ir al laburo, o a comer a casa, o a recofer algo de leña, o a por agua o.... En fin, como nosotros.
Los de las bicis jugaban en San Antonio de los Cobres, un pueblo perdido en las alturas y pobre donde los haya, azotado por los vientos y abandonado por Tren de la nubes, porque desde que Menem (la concha de su madre) privatizó el ferrocarril, los nuevos dueños no lo consideraron rentable y lo cerraron.
Los niñitos están saliendo de la escuela de Iruya, por eso van tan contentos.


La chiquilla y los niños salieron a nuestro encuentro cuando salíamos de la Quebrada del diablo, un paraje en las afueras de Tilcara (Quebrada de Humahuaca) que fue explorado por la expedición y en la que algun miembro de la misma lo pasó mal por lo angosto del camino y por las paredes verticales. Pues bien, decía que estos chiquillos nos pidieron que les lleváramos a su casa en la furgoneta. Como pueden suponer accedimos a la petición y, en el camino, descubrimos que venían del colegio. Este se encuentra a hora y media de camino de sus casas, pero no es un camino asfaltado y llano, con escaparates luminosos y puestos de chuches, sino un sube y baja continuo, salvando un desnivel de más de 300 metros partiendo de los dos mil y pico a que está Tilcara. ¡Y el cole empieza a las 9!! Ignoramos la razón por la que no iban a la escuela del pueblo, pero sospechamos que es porque había que pagar. "Acá no más" y paramos la furgona para que bajaran.
El conductor de la recua de burros estaba en uno de los valles calchaquíes y el carrillo de mano circula por la calle principal de San Antonio de los Cobres.

El del poncho y los de la camioneta van a una fiesta a un pueblo cercano. Residen en Los Molinos, una aldeíta al comienzo de la Cuesta del Obispo. Esta cuesta se llama así porque cuando el obispo de Salta fue a hacer una visita pastoral a Cachi, tuvieron que subirle en angarillas (así de gordo y rubicundo andaba el prelado).
La vendedora de hierbas y de mistela de uvas, estaba en mitad del campo, justo cuando se divisa, tras un recodo del camino, la silueta impresionante del Nevado de Cachi con sus más de 6.200 metros de altura.
Las placas están en múltiples aceras de las ciudades argentinas. Los hideputas de los milicos y los fascistas son sus responsables. Como dicen las Madres de Mayo: "NI OLVIDAMOS NI PERDONAMOS". A ver si tomamos nota en España y los peperos y quemainciensos dejan de joder con lo de la reconciliación y apertura de viejas heridas.

lunes, 20 de agosto de 2007

UNA DE PERROS

Pasota, Perezoso y Mordiscos son tres sabios perros. Ellos no saben que los llamamos así pero da igual. Son tres perros de tres generaciones distintas. Con toda probabilidad abuelo, padre e hija, porque Mordiscos es una hembra.
Viven en el hostel "Los Lagartos", en San Ignacio, un pequeño pueblo del alto Paráná argentino al lado de lo que queda de una reducción jesuítica, San Igancio Miní.
Cuando, arrastrando las maletas, entramos en el jardín de Los Lagartos, Mordiscos salió a nuestro encuentro haciendo lo propio de su evidente poca edad: saltar y mordisdquear agitando de forma frenética su larga cola negra. De ahí el nombre que le pusieron los niños.
Perezoso, algo mayor, tan solo alzó la cabeza para ver el motivo de esa algarabía. Siguió tumbado a la fresca sombra de los bananos haciendo gala del nombre recién adjudicado.
Pasota tardó bastante en salir a escena. Seguramente solo éramos unos turistas más averiguando el precio de la pernocta.

El primer contacto con Pasota fue a la vuelta de la visita a la reducción San Ignacio Miní. Se paseó entre nosotros con su cabeza gorda y ojos serios, a la que se le notaban las secuelas de antiguas peleas callejeras. Fruto de una de ellas era la oreja izquierda permanentemente caída. Después de olernos y mirarnos, decidió que éramos buena gente y se sentó cerca.
Al poco, empezamos a preparar la parrillada. Chorizos criollos, morcillas y chuletones de novillo empezaron a desgrasarse en las ascuas de carbón.


A Mordiscos hubo que echarle varias veces, no paraba de olfatear y corretear cerca de la parrilla. Perezoso deambulaba cerca y Pasota miraba desde la lejanía, inmune a los olores que inundaban el chamizo. De fondo los gritos casi ininteligibles e histéricos de los asistentes a una celebración de alguna de las sectas cristianas habituales en la zona: mmmmmm....Aleluya¡¡¡
Ya todos a la mesa degustando las carnes y una botela de Valmont, uno de los mejores vinos hasta ahora, éramos acompañados por los simpáticos canes. A Mordiscos había que espantarlo cada dos por tres, Perezoso se acostó en uno de los extremos de la mesa y Pasota eligió el extremo opuesto para sentarse. Allí permaneció durante toda la cena hierático y con esos ojos de mirada sabia y profunda que piden comida sin mover un músculo de la cara. Sin molestar.
Los tres comieron y Pasota se retiró cuando fue consciente que la cena había finalizado. No así Mordiscos que seguía olfateando todo lo podía.
La mañana apareció lluviosa y fresca. Nada más salir del cuarto de dormir, los tres perros vinieron a saludar fieles a sus nuevos nombres.
Tras el desayuno, preparamos las maletas para tomar un ómnibus hacia Posadas.
Arrastrando las maletas salimos de "Los Lagartos" y los tres perros nos siguieron. Al momento de poner una pata en la calle comenzó un recital de amenazantes ladridos. Cada casa tiene uno o más perros que hacen lo propio, defender su territorio.
Al primer ladrido, Mordiscos se metió en su hostel. No volvimos a verla.
Pasota y Perezoso nos acompañaban mirando desafiantes al resto de los perros enjaulados en sus casas. Corretearon a nuestro alrededor hasta que, al llegar a una cuadra que era un solar, se alejaron tomando en diagonal por el solar. En mitad del mismo se pararon a mirarnos en lo que interpretamos como una despedida.
LLegamos a la parada del ómnibus y allí estaban esperando. Simplemente sabían a dónde íbamos y se limitaron a coger por camino más corto. Desde el ómnibus los vimos sentados y mirándonos fijamente.